La habitación de Pascal……..

Allí hay que volver a diario

El fetichismo del crecimiento económico

Posted by mentor66 en enero 25, 2010


Nuestra ciencia económica tal como la conocemos impone el crecimiento del PIB como solución a todos los problemas. En este ámbito, una corriente particular de economistas, la escuela neoclásica o del libre mercado, ha conseguido un control indiscutible. Pero no deberíamos olvidar que antes de que esta escuela ganara la batalla, las corrientes rivales de los keynesianos, ricardianos y marxistas aceptaban en gran medida esa misma preeminencia del crecimiento, aunque hacían hincapié con fuerza en la distribución de sus frutos.

Si abrimos cualquier manual de nuestra ciencia, veremos que la materia se define de inmediato como el estudio de la manera de utilizar unos recursos escasos para satisfacer lo mejor posible unas necesidades ilimitadas. En ella se da por sentado que esas “necesidades” son satisfechas mediante el consumo, y la primera mitad de cualquier texto se dedica a analizar la conducta de los consumidores en su intento de maximizar su “utilidad”. De aquí se llega a la idea de que los seres humanos nos hemos transformado en “consumidores”, y que la única manera de hacer a la gente más feliz es proporcionarle más mercancías. La otra mitad del manual está usualmente dedicada a la macroeconomía, materia cuyo objetivo primordial consiste en estudiar cómo debe gestionar el gobierno la economía para que el índice de crecimiento se maximice en el tiempo.

Es de reseñar que los economistas no han sido siempre partidarios acríticos del crecimiento (A), aunque conviene indicar que en los últimos tiempos ha habido pocos disidentes en esa línea crítica (B). Uno de ellos, ha sido E. J. Mishan. El libro de Mishan, The Costs of Economic Growth [Los costes del crecimiento económico], denunciaba la veneración mística con que había llegado a contemplarse el crecimiento del PIB: “Al parecer, basta con consultarlo para hacerse una idea cabal del estado general de la sociedad”. Este aserto se producía en los sesenta del siglo pasado, pero los cambios económicos y políticos de la de 1970 acabaron con muchos de estos escépticos. La historia del mundo entró en una nueva fase. El keynesianismo, enfrentado simultáneamente a la inflación y al desempleo en un naciente mundo globalizado, se vio forzado a ponerse a la defensiva. Al mismo tiempo, activos intelectuales comenzaron a copiar las recetas de la economía neoclásica de los libros de texto para convertirlas en fórmulas de política económica. El canon neoliberal resultante arrolló al pensamiento crítico en economía y todavía no ha encontrado una sólida oposición intelectual o política formalizada. (C)

El hecho de que el mito del crecimiento basado en un mercado desregulado siga en vigor en nuestras universidades sin apenas dudas al respecto, resulta extraordinario a la luz de los acontecimientos de la historia reciente. Nuestra actual crisis financiera (con sus enormes implicaciones sociales) que por mucho que se nos quiera vender no ha hecho más que iniciar sus efectos, es un perfecto ejemplo de estos fracasos (D). Pero incluso nos podemos ir un poquito más atrás en el tiempo, y seguiremos viendo algunos de ellos. El paso de Europa del Este de la planificación central a la propiedad privada y el libre mercado hundió a los ciudadanos de esos países en la pobreza material y el caos social, creando una nueva forma de capitalismo criminal. El lugar de preeminencia de los mercados financieros sobre la economía real dominados aquellos por quienes practican la pura especulación (E), llevó a que varios países se hayan visto arrastrados, a menudo sin ninguna razón de peso, a crisis producidas por ataques especulativos contra sus monedas, con el resultado de una miseria generalizada y prolongada. Por añadidura, los costes del crecimiento económico, que afectan en gran parte a sectores ajenos al mercado y no aparecen, por tanto, en las contabilidades nacionales, se han manifestado de manera ineludible en forma de signos inquietantes de declive ecológico, un cúmulo de problemas sociales que el crecimiento no ha logrado corregir y epidemias de desempleo, trabajo excesivo e inseguridad. Finalmente, y esto ya en los países enriquecidos , a pesar de haber logrado proporcionar ingresos muy superiores a la mayoría de la población, esas sociedades se caracterizan por un malestar general y profundamente arraigado.(F)

Cuando se le mencionan estos fracasos a muchos de los economistas del espectro laissez-faire su contestación después de recordarte convenientemente los fracasos de la URSS y la China comunista (¿no lo es la actual?), es que es una falacia eso de que estemos en un entorno de libre mercado competitivo. Y tienen razón, sin duda. El hecho es que se ha venido a dar la paradoja que comenta Joaquín Estefanía de que “la búsqueda de una mayor liberalización de los mercados ha provocado una concentración de poder económico sin precedentes”, la cual va evidentemente en contra de esa libre competencia postulada como objetivo inicial. Y yo creo que esta concentración de poder económico-financiero con unas conexiones políticas cada vez más evidentes, es la primera vez que ocurre en la historia en el contexto global y mundializado. Y esto ocurre en un contexto de recursos naturales cada vez más escasos , con unas desigualdades de renta cada vez más polarizadas , con una tecnociencia cada vez más en los límites de lo humano (G), lo cual puede llevar a unas consecuencias nefastas sobre nuestro futuro como “raza humana” si no somos capaces entre todos de pararlo a tiempo.

A pesar de lo que pudiera parecer de lo anterior, seguimos perpetuando el mito del crecimiento. y lo acabamos de ver en las propuestas de resolución de la crisis actual (H) La respuesta utilizada al fin y al cabo ha sido “darle a la maquinita del dinero” (I) en una huida hacia adelante sin otro objetivo que “recuperar la confianza para que se empiece a consumir de nuevo” (Para crecer sin parar en el ámbito macroeconómico hay que consumir sin parar en el microeconómico ). Pocos son los que se hacen la pregunta ¿Consumir más, el qué? ¿para qué?, y la inefable ¿quién va a pagar esas deudas crecientes a través de la inflación y el desempleo de ese “socialismo para ricos” : Privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas”?

En esta linea, fueron los propios creadores del sistema de contabilidad nacional, que ahora rige nuestras vidas, los que eran ya muy conscientes de sus limitaciones. John Maynard Keynes, John Hicks y Simon Kuznets desarrollaron en un principio el sistema de contabilidad nacional porque sus gobiernos necesitaban medios mejores para gestionar sus economías frente a las espectaculares oscilaciones del ciclo económico en el período de entreguerras. Estos economistas llamaron la atención en repetidas ocasiones sobre la utilización de ciertos indicadores, como el PIB, para medir la prosperidad. Kuznets, el creador del sistema norteamericano unificado de contabilidad nacional, advirtió al Congreso en 1934 de que “es muy difícil deducir el bienestar de una nación a partir de su renta nacional…” , y observó consternado que sus advertencias eran ignoradas y que tanto economistas como políticos acostumbraban a equiparar prosperidad y crecimiento de la renta nacional. En 1962 escribió sobre la necesidad de revisar la elaboración y la utilización del sistema de contabilidad nacional. “Hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costes y sus beneficios y entre el

plazo corto y el largo. […] Los objetivos de ‘más’ crecimiento deberían especificar más crecimiento de qué y para qué” . Evidentemente, como bien sabemos, sus advertencias no fueron atendidas.

Sobre Desarrollo y Crecimiento

Sólo un par de frases para resumir como el término crecimiento dio paso al de desarrollo . Durante los años ochenta y noventa, el abaratamiento del petróleo y las materias primas en general hicieron que se olvidaran las anteriores advertencias tildadas de catastrofistas (neomalthusianos como el referido Informe Meadows I : “The limits of growth”)  y se abrazara de nuevo la fe en la salvación por el crecimiento económico, envolviéndolo eso sí, con el término más ambiguo de desarrollo y aderezándolo con el adjetivo sostenible. Pues en eso estamos hasta hoy, de esos barros viene nuestra “Ley de la economía sostenible”, que ya veremos donde nos lleva. (J)

El concepto de huella ecológica

Voy a terminar definiendo este concepto pues en mi opinión une los que yo considero los dos límites al crecimiento : el aspecto ecológico y el aspecto social.

Con la huella ecológica , se ha comparado la demanda anual de recursos por poblaciones humanas con la superficie de tierra necesaria para generarlos y absorber residuos, incluyendo en sus cuentas la superficie disponible para distintas actividades humanas. La huella ecológica de la humanidad excedió la biocapacidad total de la Tierra por primera vez en los años ochenta; ahora excede la la capacidad regeneradora del planeta en cerca del 30% (K). Un exceso global que va en aumento, desgastando los ecosistemas y haciendo que se acumulen desechos en el aire, la tierra y el agua. Esto es el aspecto ecológico, pero también se puede aplicar este instrumento para entrar de lleno en el deterioro del aspecto social que lleva consigo el crecimiento tal como lo entendemos. Si todos los habitantes del mundo consumieran tanto como el consumidor medio de los países enriquecidos necesitaríamos cuatro planetas del tamaño de la Tierra, y de momento solo tenemos ésta (Ver la referencia a Jorge Riechman en la nota K). Esto nos lleva a concluir que es indispensable que una mayoría de los habitantes del mundo se queden fuera de esas dinámicas de consumo, para que la otra parte pueda seguir placidamente en ella. Es así, que la desigualdad de renta es una condición necesaria, aunque no suficiente, para mantener el crecimiento. (L) Deberíamos plantearnos, ¿es esto ético o es que lo ético ya no existe? ¿Cómo es posible que se perpetúe este modelo tan injusto? Y la pregunta final, ¿qué ganamos los “niños mimados” de los países enriquecidos con la continuación de este modelo? ¿Mostrarle al vecino que yo tengo un coche más grande?

En definitiva, y a modo de conclusión, mi apuesta personal es por ese concepto utilizado por  el profesor Joan Martinez Alier, el “decrecimiento sostenible de las economías ricas” o el usado por el profesor Naredo (al que no le gusta mucho ese concepto del decrecimiento) que lo categoriza como “Vivir mejor con menos”.  De ahí se pasa de una teoría de aplicación en lo social social a ética personal de contención voluntaria , no solo medida en términos físicos (disminución del consumo, disminución de la exigencia de energía fósil y contaminante, disminución de la generación de residuos…..) , sino también pecuniarios y de poder (que en un principio parecen tan arraigados en la naturaleza humana, aunque creo firmemente que no es más que una construcción social) , a la vez que afirmando el disfrute de la vida (M). Creo que no es sino a través del cambio de conciencia individual como se puede modificar esto, pero claro para ello necesitamos unos mínimos de supervivencia (renta básica de ciudadanía) y unos sistemas educativos y de medios de comunicación que no sigan anestesiándonos sin más a mayor gloria del fetiche del crecimiento en el que actualmente nos instalamos. Como dice el recientemente fallecido Antonio Estevan en un libro de conversaciones con José Manuel Naredo “se trata de retomar conceptos como autogestión, cooperativismo, redes que dan libertad e igualdad, solidaridad o justicia ambiental que consigan la emancipación del poder, entendido este como dominio que anula los espacios de libertad y creatividad social. Aunque suene a utopía y no lleguemos a conseguirla nunca, vale la pena actuar teniendo siempre esa perspectiva como referencia”

Notas

(A) = Los primeros economistas entendieron que su labor consistía en estudiar la condición humana y el progreso de las naciones. Tal fue, por supuesto, el caso de Adam Smith, filósofo moral y economista político, cuyos análisis del funcionamiento de los mercados han sido malutilizados por los partidarios del libre mercado. Por otra parte, otro de los clásicos, John Stuart Mill dedicó constantemente su atención a un concepto que sería impensable para los economistas y políticos actuales: la idea del estado estacionario. Al igual que muchos de sus contemporáneos, creía que cualquier debate serio sobre las relaciones entre el crecimiento económico y el bienestar humano llevaba inevitablemente a pensar en el estado estacionario. Mill se preguntaba: “¿Hasta dónde llegará la sociedad en su progreso industrial? Cuando cese el progreso, ¿en qué condiciones esperamos que dejará a la humanidad? . J.S. Mill dice así en sus Principios : “No puedo, pues, mirar al estado estacionario del capital y la riqueza con el disgusto que por el mismo manifiestan sin ambages los economistas de la vieja escuela”. Y añade : “Casi no será necesario decir que una situación estacionaria del capital y de la población no implica una situación estacionaria del adelanto humano. Sería más amplio que nunca el campo para la cultura del entendimiento y para el progreso moral y social; habría las mismas posibilidades de perfeccionar el arte de vivir, y hay muchas más probabilidades de que se perfeccione cuando los espíritus dejen de estar absorbidos por la preocupación constante del arte de progresar. Incluso las artes industriales se cultivarían con más seriedad y con más éxito, con la única diferencia de que, en vez de no servir sino para aumentar la riqueza, el adelanto industrial produciría su legítimo efecto: el de abreviar el trabajo humano. Han permitido que una población más numerosa viva la misma vida de lucha y reclusión, y que hagan fortuna un número mayor de fabricantes y otras personas. Han aumentado las comodidades de las clases medias. Pero no han empezado a realizar esos grandes cambios en el destino humano, que pueden y deben llevar a cabo. Sólo cuando, además de instituciones justas, la previsión juiciosa guíe el crecimiento de la humanidad, podrán convertirse en propiedad común de todas las razas humanas las conquistas hechas sobre las fuerzas de la naturaleza por la inteligencia y la energía de los descubridores científicos, y servir para elevar y mejorar la vida de la humanidad.”. Para acabar afirmando: ” Confirmo que no me gusta el ideal de vida que defienden aquellos que creen que el estado normal de los seres humanos es una lucha incesante por avanzar y que aplastar, dar codazos y pisar los talones al que va delante, característicos de la sociedad actual, constituyen el género de vida más deseable para la especie humana.La mejor situación para la naturaleza humana es aquella en que nadie es pobre y nadie desea ser más rico ni tiene razón alguna para temer que pueda ser relegado por los esfuerzos de los demás por tomar la delantera”” Todo esto escrito a principios del XIX, hay que ver que poquito caso le hemos hecho a este hombre.  Así no me extraña, que alguien haya escrito por ahí que a ver si con el nuevo Plan Bolonia, se vuelve a instaurar la lectura de los clásicos.

( B ) = A modo de catálogo de disidentes de una forma más fuerte o más débil al modelo económico de crecimiento :

–        La escuela institucionalista, asociada a los nombres de Veblen y Galbraith, cuestionó seriamente los objetivos del sistema, poniendo de relieve los efectos corrosivos del “consumo ostentoso”, el vacío del consumidor y la idea de “opulencia privada, miseria pública”.

–        También hay que considerar la nueva economía institucional . El profesor Federico Aguilera Klink en un texto de la Revista de Economía Crítica en el que recuerda a uno de los principales mentores de esta escuela (Kapp) señala: “Así, se enseña a no relacionar las crisis financieras, la existencia del cambio climático, el aumento del hambre y la pobreza en el mundo con esta economía académica de sistema cerrado. De hecho, se suele “recetar”, como solución a estos “problemas” más economía de sistema cerrado y más crecimiento económico….¿Hasta cuándo vamos a seguir estando los economistas tan satisfechos de nuestra ceguera?”

–        Junto a ellos, todo el avance en la conciencia ecológica que se produce en la década de los 70 enfocada en los límites biofísicos al crecimiento y que puede tener como punto de partida  la publicación del I informe Meadows “The limits of growth” . Sobre la posterior evolución de estos movimientos, e incluso posterior perversión para adaptarse al concepto de “Desarrollo sostenible” ver el capítulo 2 del libro del profesor Naredo “Raíces económicas del deterioro ecológico y social”. Será como respuesta de los economistas al reto de los límites ecológicos el que aparezca la escuela de la “Economía ambiental”  que aborda la gestión de los problemas de la naturaleza como externalidades a valorar desde el instrumental analítico de la economía ordinaria, razonando en términos de precios, costes y beneficios monetarios reales o simulados (“precios-sombra”), y que es la más extendida en el mundo académico de los economistas.  El profesor Naredo, siempre dando caña,  argumenta que la economía ambiental se utiliza más para mantener el statu quo que para cambiarlo, pues al canalizar todos sus esfuerzos a poner precios a las “externalidades” y reducir todos los problemas a la única dimensión monetaria para aplicarles al fin, el análisis coste-beneficio para llegar a soluciones que se pretenden objetivas, se acaba olvidando de las lagunas de información y sus efectos sobre el medio físico y social así como de los sesgos del marco institucional (“el tema fundamental del poder”). No deja , por tanto, de volver de nuevo a la visión parcelaria y reduccionista de lo monetario intentando valorar las consecuencias sin ir a buscar las causas de esas externalidades negativas.

–         No quiero olvidar, pues para mí es de máximo interés, la aparición de una disciplina denominada “Economía ecológica” que  considera los procesos de la economía como un subsistema más de la biosfera y los ecosistemas que la componen (por supuesto, considerando al individuo y a la sociedad por encima de ese subsistema económico). Su principal precursor en el rumano Georgescu-Röegen que aboga por la transdisciplinariedad de la ciencia económica (en linea con lo que comentaba Kapp de “repensar la economía”). Él en concreto se aplica en ello incluyendo en el análisis del proceso económico las limitaciones de la energía y materia que surgen de la teoría de la termodinámica (especialmente, la 2ª ley de la termodinámica o ley de la entropía que nos indica que la energía se transforma siempre de energía disponible (para el aprovechamiento humano) en energía no disponible o disipada, y nunca viceversa. Es de reseñar la implicación de esta ley sobre el proceso económico tal como lo conocemos y el límite que impone al crecimiento infinito en un mundo finito ) . Otros autores que han seguido la estela de esta escuela son Herman Daly, Rene Passet o Constanza. En nuestro país tenemos un buen número de economistas ecólogos entre los que conviene mencionar a Joan Martinez Alier, José Manuel Naredo, Federico Aguilera , Oscar Carpintero, Roberto Bermejo, Jordi Roca y muchos otros………Vamos bien pertrechados de teóricos en esta rama.

En esta última línea, el profesor José Manuel Naredo propuso en su libro “Economía en evolución”  un enfoque ecointegrador donde estas ramas (economía ambiental, economía ecológica y economía institucional) se complementaran y alimentasen mutuamente para evitar la tradicional disociación entre lo económico y lo ecológico-social. Como él mismo indica en su libro “Luces en el laberinto” parece que no ha recibido mucha consideración su propuesta desde su primera edición en 1987.

( C ) = Como dice Clive Hamilton “La cultura política de las democracias occidentales se ha transformado por la convergencia entre partidos alrededor del mito del crecimiento del PIB. La culpa la tienen principalmente los partidos socialdemócratas y laboristas. La gente no sabe ya qué defienden los partidos de izquierda. Los programas de esos partidos han dejado de encontrar eco. La lealtad partidista se ha erosionado al volatilizarse el sentimiento de solidaridad de clase que definió en el pasado a los partidos de izquierda. Cuanto más convergen los partidos en lo esencial, más deben tratar de diferenciarse mediante la mera manipulación de la información. Esta política es la política de la falsedad, y existe la convicción popular de que el proceso democrático se ha convertido en una compleja farsa. Los partidos mayoritarios, llegan al borde de la histeria por asuntos triviales, fustigando a sus oponentes con declaraciones ultrajantes, mientras están tácitamente de acuerdo en no romper el consenso neoliberal sobre lo que realmente importa. No es de extrañar que la gente se desentienda y se cree un espacio político para la aparición de partidos de extrema derecha”. En fin, el efecto sobre la democracia de esta comprensible pasividad de los que somos ciudadanos de a pie puede llegar a ser demoledor sino le vamos poniendo ya unos “contrafuegos” (Bourdieu)

(D) = Algunos autores alterglobalizadores hablan de “Crisis del capitalismo” o incluso que esta crisis que estamos viviendo puede significar el “Fin del capitalismo”. Yo estoy con el profesor Joaquín Arriola que en una entrevista reciente comentó : “ Hay dos condiciones estructurales en el capitalismo mundial cuyo cuestionamiento puede dar lugar a una crisis del capitalismo. En primer lugar, la hegemonía política y militar de Estados Unidos (junto con sus aliados como Europa, Japón……) que permite al centro del sistema reproducirse bajo un patrón de consumo de carácter rentista, basado en la captación de gran parte de los recursos naturales no reproducibles del planeta y en consumir a crédito el valor agregado excedente en forma de mercancías del resto del mundo. Y en segundo lugar, la subordinación del trabajo al capital que al contrario de lo que cabía esperar se expresa en nuestros días en una pérdida de subjetividad de clase y de poder por parte de los trabajadores, que se puede perfectamente rastrear en las principales magnitudes macroeconómicas relativas a la distribución, al tiempo de trabajo, productividad etc. La crisis como tal puede aparecer cuando se ponga en cuestión uno u otro, o ambos rasgos estructurales del capitalismo contemporáneo. Pero la caída brusca del precio financiero de los activos patrimoniales, las burbujas inmobiliarias que explotan aquí o allá, la especulación con los futuros sobre petróleo y productos alimentarios y la retracción de la liquidez bancaria no creo que sean condiciones que anuncien un cuestionamiento de ese tipo “.

( E ) = Las cifras diarias de la economía real (Transacciones comerciales de bienes y mercancías, PIB) son irrisorias comparadas con lo que se mueve en los mercados financieros en ese mismo plazo de tiempo. Lo que en un principio era el objetivo de lo financiero , trasladar el ahorro a la inversión, ha quedado reducido a lo mínimo, frente a la generación de dinero desde el dinero propio de la especulación más que de una actividad de producción de valor.

(F) =  Un dato que nos confirma ese malestar : La OMS estima que en el año 2020 la depresión será la segunda causa de discapacidad del mundo

(G) = A Sin querer entrar en más detalles ahora, considero que esto sólo está llevando a una generación de nuevas burbujas de activos (bursátiles, principalmente) sin que vaya a tener efecto en las economías reales de los paises occidentales. Al referirme a economía real me refiero especialmente al tema de empleo ; y es que esto si nos damos cuenta no puede ser de otra forma, dado el entorno de concentración inusitado de capital (cada vez menos empresas productivas que van progresivamente tomando poderes supraestatales – por encima del de muchos Estados, incluso -) y de centralización del trabajo como efecto directo de las nuevas tecnologías de información aplicadas. (Ver “El fin del trabajo” de Jeremy Rifkin o “La metamorfosis del trabajo” de André Gorz)

(H) = Ver el impactante artículo del último mes (Enero 2010) en “Le Monde Diplomatique” titulado “Cuando bits, átomos , neuronas y genes hacen !Bang!”. En su entradilla dice lo siguiente “El acrónimo BANG remite a la convergencia de disciplinas que permite la creación y manipulación de la materia a escala atómica mediante las nanotecnologías. Sus aplicaciones son ilimitadas, y constituyen una revolución científica e industrial, en la que algunos ven la panacea de todos los males de la humanidad. Sin embargo, otros advierten del peligro de una mayor concentración económica y de una transformación radical del homo sapiens,en la que post-humanos dominarían a humanos de segunda clase”. Parece ciencia-ficción pero no lo es, !qué miedo!. Sería necesario que todos los ciudadanos empezáramos a estar enterados de donde nos estamos metiendo, o más bien, donde anda ya metido mucho capital transnaccional.

(I) = No puedo estar más de acuerdo con lo que el profesor Naredo dice citando a Ramón Margalef “el poco éxito de los intentos de conectar de modo fructífero las ciencias de la economía y la ecología proceden en gran parte de la dificultad, más inconsciente que consciente, de alcanzar un consenso común acerca de la definición, no sólo económica, sino también biológica, de esa convención social que es el dinero”. Para añadir Naredo : “y no sólo del dinero, sino de los activos financieros líquidos, en general, así como la capacidad de las entidades públicas y privadas de crearlos y beneficiarse de ellos”. En este aspecto y aunque es un tema que tengo pendiente de analizar estoy de acuerdo con parte de la teoría monetaria de los austriacos…..1/ Patrón oro – el profesor Naredo dice que en estos tiempos de “nevas tecnologías” no debería ser dificil concebir otros patrones más desmaterializados y ecologicamente menos dañinos que el patrón oro” 2/ Coeficiente de reservas bancarias cercanos al 100% 3/ Sobre la desaparición de los bancos centrales o la “desnacionalización del dinero” hayekiana tengo muchas más dudas.

(J) = El uso extendido del término “sostenible” en la literatura económico-ambiental se inscribe en la inflación que acusan las ciencias sociales de términos de moda cuya ambigüedad induce a utilizarlos más como conjuros que como conceptos útiles para comprender y solucionar los problemas del mundo real.

(K) = En 2005, la huella ecológica global fue de 17,500 millones de hectáreas globales (hag), es decir 2,7 hag por persona. En cuanto a la oferta, el área productiva total, o sea la biocapacidad, fue de 13,600 millones de hag, es decir, 2,1 hag por persona. Y esta oferta total si que es inamovible, puesto que estoy con Jorge Riechmann en lo de no querer viajar a Marte. Riechmann, Jorge “Gente que no quiere viajar a  Marte” (200X), Libros de la Catarata

(L) = Este tema ya fue tratado en el texto presentado en la primera parte de la asignatura donde se analizaron los estudios de la desigualdad de renta de Bob Sutcliffe y Branko Milanovic.

(M) = El cuestionamiento del “mito del trabajo” tan incorporado a nuestro imaginario social colectivo basado en sus raíces judeo-cristianas del esfuerzo y el sacrificio, creo que bien merece una reflexión más detallada. (Ver “Crítica de la razón productivista” o “Miserias de lo presente, riquezas de lo posible” de André Gorz)

Bibliografía :

Alvarez Cantalapiedra, Santiago y Carpintero,Oscar [Eds.] (2009), “Economía ecológica : Reflexiones y perspectivas”, Círculo de Bellas Artes, Madrid

Estevan, Antonio y Naredo, José Manuel. Conversaciones con Daniel Jover (2009), “Por una economía ecológica y solidaria”, Icaria, Barcelona

Hamilton, Clive (2006), “El fetiche del crecimiento”,Laetoli, Pamplona

Naredo, José Manuel (2006), “Raíces económicas del deterioro ecológico y social”, Siglo XXI, Madrid

Naredo, José Manuel (2009), “Luces en el laberinto”, Libros de la Catarata, Madrid

Riechmann, Jorge (2004), “Gente que no quiere viajar a Marte”, Libros de la Catarata, Madrid

VV.AA. (2009), “Claves del ecologismo social”, Libros en acción, Madrid

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Una respuesta to “El fetichismo del crecimiento económico”

  1. […] delante” en contextos de Productividad marginal negativa de la deuda ( Incremento % del PIB (Sobre el concepto del PIB y el fetichismo de su crecimiento) por cada unidad de incremento % de la deuda)………….Todo esto, conociendo las nefastas […]

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