La habitación de Pascal……..

Allí hay que volver a diario

Reseña sobre la película “El club de los emperadores”

Posted by mentor66 en febrero 17, 2010


Voy a seguir en el curso del trabajo estos cuatro apartados:

1.- El método de enseñanza del profesor Hundert

2.- La evaluación del profesor Hundert

3.- Frases a destacar y conclusión de la película

4.- Comentarios personales

1.- El método de enseñanza del profesor Hundert

En otra asignatura del máster estuvimos viendo los distintos tipos de modelos a aplicar en la educación moral. Uno de ellos, era denominado “Formación de hábitos y del carácter” que se asienta en la filosofía aristotélica que pone a la generación del hábito como asentamiento del “carácter apropiado de alguna manera para la virtud, que ame lo noble y rehúya lo vergonzoso”. Esta base histórica fue recogida entre otros por Alistair Macyntire (“Tras la virtud”), y llevada al ámbito de la educación por autores como Lickona o Kilpatrick.

En mi opinión, esta es la base metodológica que aplica el profesor Hundert, el cual se sirve de los textos clásicos (griegos y romanos, especialmente) para generar esos hábitos que llevan a la virtud forjando (moldeando, dicen en la película), de esta forma, el carácter de sus alumnos. Frases que me indujeron a afirmar esto son “El carácter de un hombre es su destino” o “Pensar en el bien común más que en el propio” que se encuadra dentro del concepto de prudencia aristotélico.

Este método de educación estaba obteniendo buenos resultados con sus alumnos, cuando aparece el díscolo sr. Bell, hijo de un senador (la película no deja en ningún buen lugar a lo político) que llegaba con un bagaje escaso de aprendizaje moral. En él se manifestaba, más bien, un instinto de alteración de los órdenes establecidos en los que se asentaba la institución Saint Benedict así como un pragmatismo productivista en todas sus acciones y arrogancia en sus actitudes. Sin embargo, el profesor Hundert que en un principio le define como “visigodo” (¡Qué vienen los bárbaros!, Baricco) confía en el chaval, primero habla con su padre (el cual le reprocha que intente moldear el carácter de su hijo, “su función es enseñar, no moldear”, le dice), y a partir de ahí, el alumno quizás motivado en cierta forma por la reprimenda del padre, empieza a tomarse en serio el tema del estudio, aunque sin perder sus artes de consecución de objetivos sin muchos miramientos (por ejemplo, cómo trata de conseguir un libro de la bibliotecaria adulando su “eterno” peinado ). El profesor Hundert, así, llega a modificar una nota de una evaluación (dejando fuera a otro buen alumno) para que el ínclito Bell participe en el concurso de “El señor Julio César”, pero se ve defraudado por él, cuando comprueba que ha querido ganar el concurso utilizando unas “chuletas” escondidas en la toga romana que llevaban los participantes. Como dice finalmente el profesor “Le entregué el diploma de graduación a Bell, con una profunda sensación de fracaso”.

En cuanto al método pedagógico utilizado para los contenidos de la asignatura me resulta demasiado tradicional. Un ejemplo es la repetición  por parte de los alumnos de los 41 emperadores romanos a modo de lista de los reyes godos. Otra escena que viene a confirmar este aserto es cuando dice que “la tiranía es lo que da resultado en una clase”.

La escena pasa posteriormente a 25 años después cuando los ex-alumnos han pasado a ser orgullosos miembros de la industria americana (así lo dice la película. Más tarde cuestionaré algún aspecto de la “moralina americana”). En primer lugar, es relegado del puesto de director pues se le considera poco preparado para la recaudación de los fondos necesarios para la supervivencia de la institución (por supuesto, para la consecución de beneficios). Con posterioridad, el ya adulto Sr. Bell pide hacer una revancha del concurso a cambio de una sustanciosa aportación a Saint Benedict (que, por supuesto, es inmediatamente aceptada por el nuevo director del centro)  con la única condición de que sea el profesor Hundert quien lidere la prueba nuevamente.

En la reedición del concurso los tres participantes siguen en su papel preliminar: el espontáneo Sr. Mashouri que pierde rápidamente por despiste más preocupado por la gracieta (moralina?), el sabelotodo indio Deepak Mehta (Esta sí que es moralina. Ahí está el futuro de América), y, por último, el demagogo engañador profesional Sr. Bell que vuelve a hacer de las suyas, en este caso utilizando las nuevas tecnologías de comunicación inalámbrica para obtener los resultados de las respuestas. El profesor se percata de ello, y le hace una pregunta fuera de la temática usual y, de esta forma, el sr. Bell tiene que aceptar la derrota. La charla posterior entre ambos declara definitivamente el carácter “bárbaro” de este último: “¿A quién de ahí afuera le importan sus virtudes? Me importan una mierda sus virtudes. Yo vivo en el mundo de los que consiguen cosas”. Y es en ese mismo momento, cuando comunica que se presentará como futurible senador del congreso americano.

Culmina la película con la vuelta del profesor Hundert a las aulas, y con una frase que sí es aplicable a todos nosotros como profesores: “Por mucho que tropiece, un profesor debe seguir intentándolo”.

2.- La evaluación del profesor Hundert

En primer lugar, me interesa el concepto de motivación que aporta en el alumno el sentir que cada vez se acerca más a lo requerido. Ahí hubo algún momento en que Sedgewick Bell incluso olvida su carácter intrínseco personal y opta por el estudio y el esfuerzo como método de recoger frutos en el futuro.

Sin embargo, el profesor Hundert se equivoca cuando pasa de a- a a+ en una nota para hacer que el sr. Bell pase a formar parte de los tres elegidos para el concurso Julio César en detrimento de otra persona. Esto nos viene a confirmar la dificultad de una evaluación objetiva, en especial, en la valoración de temáticas de humanidades. Se observa que el profesor todavía lleva como carga ese error cuando 25 años después le confiesa al estudiante perjudicado que él debería de haber sido uno de los elegidos. De todas formas, el profesor al transgredir esa norma también demuestra que no es siempre posible acertar a pesar de tener un amplio bagaje de cultura clásica impregnada de virtud ;)

3.- Frases a destacar y conclusión de la película

  • Ante la insolencia del joven Bell, el profesor Hundert le interpela: Como escribió Aristófanes y traducido a grosso modo “La juventud pasa, la
    inmadurez se supera, la ignorancia se cura con la educación y la embriaguez
    con sobriedad, pero la estupidez dura para siempre
    “. Y me pregunto yo, ¿esta respuesta sería posible darla en nuestras escuelas actuales? Entiendo que como todo, dependerá de las circunstancias………yo entiendo que no la utilizaría jamás para denigrar a un alumno, pero sí como toque retórico para parar alguna situación que se vaya acercando a un punto de no retorno sin personalizarla en nadie.
  • El lema del St Benedict es “No para uno mismo” o también se utiliza la frase socrática “Lo importante no es vivir, sino vivir justamente”. Muy bonito, quizás demasiado. Luego en el apartado de opinión personal entraré en el tema de la moralina de la peli.
  • Otra frase que me impresionó fue “El Fin depende del Principio” que puede tener su aplicación tanto en el ámbito moral, como del ámbito de adquisición de contenidos. Una buena base inicial creo es necesaria para la conformación de un carácter, así como para mejorar en el conocimiento que es por propia naturaleza, acumulativo.

A modo de conclusiones de la película tres aspectos:

I/ Nos hace preguntarnos, ¿hasta qué punto uno puede sacrificar sus propios principios y las justas reglas aun persiguiendo un buen fin? Es lo que el profesor Hundert se pregunta constantemente con respecto a la modificación de su evaluación al sr. Bell (en detrimento de otro alumno) con el objeto de conseguir su participación en el concurso mencionado. Pregunta sin respuesta, evidentemente. En la película no se consigue nada positivo, sin embargo, considero que eso no es una respuesta generalizable. En línea con esto, otra frase de la película “el no te puedes bañar dos veces en el mismo río” de Heráclito. Pues eso, que no hay dos circunstancias iguales.

Ii/ Sin embargo, paradójicamente, la película tiene un tono pesimista, entremedias de los mensajes de la necesidad de honestidad y ética, subyace la idea de que por muy bueno que se sea, en el mundo siempre triunfan la gente sin escrúpulos, sin importar cómo se consiga y a quien te lleves por delante…….aparentemente gana aunque no quizás a los ojos del hijo de Bell que escucha la recriminatoria final a su profesor: “Me importan una mierda sus virtudes” desde el interior del servicio. Se deja en el aire, pero se puede entrever un nuevo conflicto padre-hijo en esta situación.

Iii/ No quisiera olvidar un aspecto que también se puede concluir en la película, y es la necesidad de conocer el pensamiento clásico para conocer un poco mejor y mejorar el mundo actual. Sus preguntas siguen efectivamente sin tener respuesta unívoca, pero al fin y al cabo como decía Bertrand Rusell las preguntas que nos hacemos son más importantes y grandes que las respuestas que nos damos. Pues eso que a ver si retomamos (si nos dejan) los “lugares comunes” de las preguntas  clásicas.

4.- Opinión personal

He de confesar que a mí personalmente las películas de moralina occidental (especialmente, las americanas por evidentes) me dejan un poco frío por su ambigüedad.

Mientras que, por un lado, muestra de forma “sentimentaloide” que el profesor Hundert tiene que dejar el puesto de dirección de la institución por tener poca capacidad para la recaudación de fondos, por otro, hablan orgullosamente de que los ex-alumnos de tan magna institución engrosan ahora los departamentos directivos de la gloriosa industria americana que podrían llegar a ser perfectamente los que presionaran a la institución para recaudar más fondos con el objeto de obtener beneficios.

No voy a entrar en el detalle de cuestionar la industria americana. Sólo dejo una apunte personal de mi experiencia en ese entorno: la consideración que tiene el americano de a pie de su industria es en su gran mayoría excelente, teniendo en cuenta que muchas de las actividades culturales, fundaciones filantrópicas,  instituciones de caridad vienen financiados por ellas. En cierta forma, es como su “Estado de bienestar” privado. Lo que no se dan cuenta, y casi todo lo que se cuece allí es para seguir en esa inopia, es cuales son las consecuencias para terceros países de dónde están saliendo esos fondos (precios cuasi-monopolísticos, condiciones laborales comparativamente peores, esquilmación de recursos naturales escasos,…..). Evidentemente, estoy generalizando y ya se sabe que eso no implica que haya excepciones. En cierta forma, esta experiencia está siendo exportada al mundo occidental,  algo similar pasa en España con nuestras grandes empresas, Santander, BBVA, Telefónica, Endesa………… “Imagen verde y “Responsabilidad social corporativa” hacia el exterior, pero sin cambiar ninguno de sus parámetros de maximización de beneficios a corto plazo. Más de lo mismo.

Un apunte adicional es sobre la visión despectiva sobre lo político. La imagen del senador, padre de Bell, y luego con posterioridad, cuando el hijo se decide a entrar en política, no deja dudas de ese mensaje subliminal en la película. No voy a ser yo quien defienda a los políticos, pero sí a la política como forma en que todos los ciudadanos deberíamos de tratar a través de nuestra participación y exigencia de responsabilidades mejorar este mundo donde vivimos. Ya sé que en nuestra actual “pseudo-democracia” nos sentimos impotentes para hacer algo, pero sí abogo por una regeneración de lo político desde el individuo particular. Estos mensajes sesgados sólo me dejan una sensación de defenestrar lo político para que la gobernanza quede en manos de otros poderes (¿quizás esos de los que hablaba antes?).

A tono de nota simbólica, pero en mi opinión de un alto valor subliminal, cuando Bell abre su maleta mostrando a sus compañeros de habitación las revistas con chicas con poca ropa, aparece dentro de ella algo (no sabría decir qué) que pone: Marxismo-Leninismo. Ya tenemos en esa maleta los dos diablos de la puritana sociedad americana que se representa en la película: El sexo y el comunismo. ¡Vade retro, Satanás!

Un último apunte es la constante venta que se hace en estas películas del “sueño americano”. En este caso, el indio Deepak Mehta, lo representa a la perfección.  Resultados positivos de la excelencia (incluso los emigrantes pueden entrar en la élite, al final hay hasta chinos y negritos en el Saint Benedict), padres orgullosos, familias tradicionales, pero qué bonito es todo, mare! Wishful thinking!, que dirían ellos pues eso está bastante alejado del día a día allí (y en todos los países occidentales). Y, por supuesto, la bandera de las barras y estrellas para terminar. Cómo nos venden la moto, que diría Chomsky.

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11 comentarios to “Reseña sobre la película “El club de los emperadores””

  1. edwin hernando hernandez said

    muy bueno su analisis, se nota que profundizo y conoce muy bien del tema pedagogico,

  2. Jose Luis said

    Acabo de ver la película de la que haces la reseña. Me temo que yo no soy tan duro como tu; sucumbo con facilidad al sentimentalismo, así que todavía ando un poco tocado. Tu análisis me permite objetivarme un poco, tener en cuenta mensajes e intereses espúreos, pero no obstante me parece que hay que destacar la apuesta que en la peli se hace por la educación como modificación del carácter. Creo que el dibujo del profesor coherente, honesto, preocupado por sus alumnos, optimista pues cree en la “utilidad” de su trabajo, es una buena guía para nuestro trabajo.
    Un saludo

  3. Lo sabía,lo sabía, desde que empecé a leer su reseña de la película, sabía, sabía que tenía que aparecer por algún lado Chomsky, “el amigo americano”. No quiero ser descortés con Vd., pero tengo que decirle que no estoy de acuerdo con casi nada de lo que dice. En breves días, si Vd. lo desea, lo explico esto con más detalle en http://blogs.libertaddigital.com/jalepata/ -hago una reseña de esta película, comparándola con la de “El Club de los poetas muertos”-. No sé por qué sospecho que lo que va a encontrar en mi blog no le va a gustar nada. En cualquier caso, un saludo afectuoso.

    • mentor66 said

      Bueno, pues espero que me diga cuando puedo echar un vistazo a esa reseña comparativa……..De todas formas, dice que no está de acuerdo con casi nada de lo que dice la reseña; no es mala señal, significa que hay algo aunque sea mínimo en lo que sí está de acuerdo. Es un principio para empezar a debatir.

      De todas formas, no sé si va a poner usted una reseña respondiendo a esta………si no es así, espero que diga usted por aquí en lo que no está de acuerdo……..Entenderá que no me vaya yo a su blog para rebatirle y usted no lo haga por el contrario y no lance más que la piedra tentativa.

      Un saludo

      • En relación a su reseña de la película El Club de los Emperadores de abril 28, 2011 a 2:37 pm y por si le interesa a Vd. leer mi réplica puede empezar por el final de mi artículo que se refiere precisamente a lo que Vd. hablaba en su blog acerca de la “moralina” que según Vd. siente cuando ve películas como la de El Club de los Emperadores.
        Y si es de su interés, otro día le remitiría el resto de mi artículo, que sería en realidad el comienzo del mismo, donde analizo, contrastándolas, la película anterior con la de El Club de los poetas muertos.
        Desde la distancia ideológica más absoluta, un saludo afectuoso.

        […] Mr. Hundert, pues, tras explicarles a sus alumnos en la famosa escena de la placa del rey elamita Shutruk-Nahhunté «que la gran ambición y la conquista sin contribución al bien común no tienen ningún valor», les hace a continuación esa pregunta tan vital que estamos aquí comentando y contrastándola con la que les ha formulado también a sus alumnos su colega del otro Club, el de los muertos, y con la que Mr. Hundert/la Derecha quiere marcar su propio estilo, su proyecto de vida y su modelo de educación, mucho más enriquecedor desde luego que el de Keating/la Izquierda. El análisis que aquí estamos haciendo sobre los problemas de la Educación coincide además con un momento especialmente delicado por el que ahora mismo está pasando España, en que de nuevo –la enésima vez– un nuevo Gobierno se planteará que algo habrá que hacer con la Educación. Esperemos que esta vez, por fin, los cimientos y las zapatas de ese futuro proyecto educativo sean sólidos y no de arena como hasta ahora.
        Por consiguiente, en esa escena tantas veces aquí comentada, no menos memorable que la de Mr. Keating, con la que logra igualmente captar la atención de sus alumnos con la misma intensidad dramática (si no más) que su colega, el de los muertos, y en la que delante de nuestros ojos y durante tan sólo unos instantes de película se enfrentan entre sí los dos únicos modelos antagónicos que hay de entender la realidad, Izquierda vs. Derecha, (cf. los dos fotogramas que inmortalizan ese momento agonístico), Mr. Hundert les preguntaba en qué pensaban ellos «…contribuir [al bien común y] cómo [en base a esas obras] les recordará la Historia», transmitiendo la misma o parecida emoción que Keating, aunque la suya mucho más contenida, y emplazando para el futuro (para dentro de veinticinco años en que de nuevo se habrán de volver a ver todos en un Hotel, los alumnos y su profesor) la contestación a esa pregunta que hasta que llegue el día del reencuentro, habrá de quedar ahí, pendiente de respuesta, flotando en el aire, rebotando sin eco entre las paredes de ese aula, foto testigo mudo y de excepción del aprendizaje y evolución personal de cada uno de esos muchachos, pregunta que, en boca de un profesor de un Colegio norteamericano tan pijo como el St. Benedict, ya se sabe que tendrá ineludiblemente un sabor a «retórica y “moralina” que tanto suele disgustar a los progres».
        No obstante, ¿verdad?, a menudo me pregunto por qué razón será que en este tipo de recordatorios y sermones ejemplarizantes tan típicos de «la Derechona», y que tan poco gustan, (más bien nada), a los progres, por aquello de «la dichosa moralina», mal que les pese, al final resulta que casi siempre se suelen cumplir sus advertencias «morali-na-zantes», como las que sin duda transmitió también a sus alumnos Mr. Hundert. ¡Eh! ¿Por qué será? ¿Verdad?
        No de otro modo también los «sermones morali-na-zantes» de Mr. Hundert en sus clases de Historia Antigua habrán de tener necesariamente su corolario natural en el futuro, ya que, veinticinco años más tarde aquella pregunta que el profesor había lanzado a sus alumnos, tan “molesta” al decir de los progres por la “moralina” que llevaba escondida en la recámara, saldrá por fin de las paredes del aula de Mr. Hundert, quien, tras la larga y paciente espera, como la del experto enólogo cuando en enero prueba por fin el vino joven de la pasada vendimia, encontrará igualmente cumplida respuesta (vean la escena completa y degusten su “moralina”) a su pregunta en aquella célebre conversación que mantuvo con uno de sus alumnos en aquel Hotel, al que sus antiguos alumnos, agradecidos, invitaron para homenajearlo, en un lugar, la verdad que poco apropiado y nada académico como fueron los urinarios de ese Hotel:
        […]–«Le he fallado como profesor –le dirá Mr. Hundert a su ex-alumno, flamante candidato ahora al Senado del Congreso de los EEUU–. Pero, si me permite, voy a darle… una última lección. Todos nosotros, llegados a un punto, nos vemos obligados a mirarnos al espejo –es lo que le llevamos también diciéndole a la Izquierda en este blog no sé cuánto tiempo– y ver cómo somos en realidad. Y cuando ese día llegue para usted, Sr. Sedgewick, tendrá que afrontar el hecho de haber vivido una vida sin virtud, sin principios. Le compadezco por ello […]».
        A lo que su incorregible y pérfido ex-alumno, genuino representante de la Derecha más fascista y más antidemocrática, con la que la Izquierda pretende confundirnos a todos nosotros, le replicará:
        –«¿A quién de ahí afuera le importan sus virtudes? ¡Me importan una mierda sus virtudes! ¡Yo vivo en el mundo de los que consiguen cosas!»
        Esta escena representa, por una parte, el triunfo del modelo de la Derecha frente al de la Izquierda, y no porque ésta no sea capaz de hacer lo mismo que hizo Mr. Hundert en los baños de ese Hotel, sino porque la Izquierda aunque siempre diga que ella también lo haría, lo dice siempre de boquita, porque al final nunca lo hace. Y ¿por qué será? Ella misma nos aclara este misterio: «Sí que nos gusta…, pero es que…es que…es una escena y un modelo ideológicos que tienen para nosotros, para la Izquierda, mucha…mucha…moralina». ¡Acabáramos, Mr. Keating! ¡Haber empezado por ahí! ¡La moralina! ¡Pues claro! «¡Ande, ande, ande “la marimolina”!»
        Pero por otra parte, esta escena representa también el triunfo de la razón y el bien hacer frente a la sinrazón y la prepotencia que no tienen aquí una identidad ideológica concreta, pues se da tanto entre la Derecha como entre la Izquierda extremas (no democráticas).
        ¡Conque era la “moralina”! ¡Eh! ¿Acaso también sus perros rastreadores han vuelto a encontrar en esa última y merecidísima lección magistral que le da el profesor a su ex-alumno trazas de esa «retórica y “moralina” que tanto disgusto causa a los hombres y mujeres progresistas»? Y digo yo: ¿no sería mucho más fácil reconocer más bien que aquello que han hallado los progres en los urinarios de ese Hotel, más que “moralina”, es la consecución lógica de una serie de malos hábitos del pasado que, al arrastrarse sin haberlos podido nadie corregir a lo largo de los años, han dado a luz de forma natural a ese tipo despreciable que «ha vivido una vida sin virtud, [y] sin principios» y que por enésima vez ha intentado engañar a su viejo profesor, es decir, los frutos esperados de todo aquello que veinticinco años atrás ya se había ido fraguando y sembrando, jornada tras jornada, en aquella aula del curso de 1972, llena, al decir de la Izquierda, «de tanta retórica y tanta “moralina” que tanto disgusto les causa a los hombres y mujeres progresistas»?
        Pero ¿por qué será, ¿verdad?, que a los progres siempre les resultan tan odiosas y patéticas las mismas escenas de «retórica y “moralina” épicas» de las películas yanquis, tipo El Club de los Emperadores –no voy a discutir aquí con nadie que la escena del “Concursito” ése de marras de Don Julio César, vestidos todos con toga, a la vieja usanza romana, que volvió además a repetirse veinticinco años más tarde en el Hotel, me chirriaron una barbaridad las meninges cuando la vi, se lo reconozco, porque ya sabemos que la estética de los americanos y su sentido del ridículo no tienen nada que ver con la de los europeos– y en cambio, les parecen fantásticas, sin retórica y sin “moralina” (o a lo mejor sí la tienen, pero con un poquitín menos, ¡a que sí!) las «carreras de saltos sobre la mesa del profesor» [cf. especialmente del minuto 1:43 hasta el final] o las “pruebas físicas” de «“Alzamiento” sobre pupitres»? ¡Eh! ¿Por qué será? Porque según parece lo de ¡A las barricadas! –y quien dice ¡A las barricadas! dice también ¡Sobre los pupitres!– por lo visto eso no tiene para ellos la carga de “moralina” que tanto les molesta a ellos. ¡Eh!
        Tampoco hay “moralina” en la visión sectaria que tienen los progres del ejército, una especie de «ONG-Cruz Roja» que ayuda a los damnificados en los «conflictos» que llaman ellos, o que enseña a leer y escribir a los afganos, donde las acciones de guerra no son tales, sino misiones de paz. Sin llegar a negar que entre las labores que puede llegar a cumplir un soldado figuran todas esas y alguna más, lo cierto es que ninguna de esas es su misión principal. En un determinado momento un soldado puede poner adornos de Navidad en Haití o ayudarle a una niña afgana a bajar su gatito del árbol en que se ha quedado colgado, pero él sabe muy bien que no es ése su cometido fundamental. Todos lo sabemos, los soldados lo saben, la mayoría de los españoles de bien lo saben igualmente, pero en cambio su ex-ministra de Defensa no lo sabía, pues se empeñó en convertir un ejército de hombres y mujeres que defienden los intereses de España y los de la comunidad internacional de sus aliados, en un ejército de voluntarios de la Cruz Roja. Los progres nos dirán aquí que si la Derecha tiene su “moralina”, que ellos no comparten, también ellos tienen el mismo derecho a tener la suya. Sí, lo tienen, es cierto, pero con una fundamental diferencia: que la nuestra se basa siempre en la realidad, la suya en cambio, en sueños de ejércitos de la Señorita Pepis.
        A mí en particular –he de decirlo alto y claro– me molestan por igual, tanto los que se «ponen» trajes que no se los pagan de su bolsillo, como los que se «ponen» hasta las zejas de marisco y cerveza, la versión comunista de «¡A las barricadas!/¡A las mariscadas!» { }, que tampoco se lo pagan de su bolsillo, como los que se «ponen» a su nombre prejubilaciones falsas que tampoco se las pagan de su bolsillo. Pero lo que más, más me molesta son todos esos a los que les molesta sólo la «moralina» de la “Derechona”, que dicen, pero nunca la suya, y aún más me molestan aquellos que ven sólo la paja en ojo ajeno y no ven la viga que llevan en el suyo, es decir, aquellos que no les da la “real” gana (perdón, quise decir la “república” gana) de reconocer que de la misma manera que no es lo mismo asesinar a una sola persona que asesinar a veinte, tampoco será lo mismo mangonear unos trajes de Milano o una mariscada pantagruélica en el mejor restaurante de Bruselas, que mangonear a destajo y al por mayor en los EREs fraudulentos de la Junta de Andalucía. ¿No se les podría aquí aplicar a todos estos «guiones reales de película» un poquito de la «moralina» de Mr. Hundert? ¡Anda que no lo iba a agradecer la sociedad entera! Incluso aquellos a los que les salen sarpullidos en la piel cuando ven este tipo de películas con tanta «moralina» que dicen ellos. ¡Qué pobres! ¡Les da “cosa” la “moralina”!
        […]

  4. Enrique said

    Buenos Días. Una referencia su blog, al tema pedagógico, educativo y de la película del colegio San Benedicto y su Prof. Hundert.

    Saludos desde Venezuela.

    Prof. Arellano.

  5. Melvin Lopez said

    Gracias por este resumen, me pareció excelente y concuerdo en la mayoría de sus afirmaciones.

  6. Hola un fraterno saludos desde Managua Nicaragua, he visto la pelicula, cuyo contenido es algo similar al de la sociedad de los poetas muertos con el Sr Robin Williams, donde a traves de su metodologia trata de salir de lo tradicional y despertar el caracter critico y autocritico de los estudiantes, el enfoque es similar pero hay algo diferente en éste films, donde al tratar de desarrollar el caracter de los estudiantes talves con un método algo tradicionalista en el aprendizaje en cierto grado, pero a pesar de que el proposito del docente no fué lo que el deseaba, hay una realidad inherente que todos los docentes compartimos, podemos enseñar a prepararce para la vida de los estudiantes pero son ellos que tomaran las riendas de su vida y sólo tenemos que ver el rumbo que tomaron y evaluarnos a nosotros mismos como preguntarnos, que tal incidio lo que les enseñamos y como fue beneficioso o no en sus vidas, pero hubo un cambio, un impacto real. Es una exelente pelicula, ojala la pasen pronto en canales locales en mi pais.

  7. mary , la gitana said

    Excelente análisis, muy completo , pero no es tan triste el final , no solo quiere decir que se gana siendo el mas ruin sino tambien nos dice que todos los goces materiales no son nada y no tienen valor si no estamos en consenso con nosotros mismos
    Lo importanate es sentirnos bien con lo que somos, LO IMPORTANTE NO ES VIVIR SINO VIVIR JUSTAMENTE

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